SOBRE MÍ

Mi nombre es Araceli y nací en el último año capicúa del siglo pasado. 

Una historia de obesidad más

Desde siempre he estado enferma. Sufría obesidad mórbida. Pero nadie lo llamaba así. Nadie te dice que si estás gorda estás enferma, y comprando papeletas para estar mucho más enferma en tu vida. 

Toda mi familia lo está. Pero yo no me quedé con el lema de “es genético” y me hice la víctima. Yo no me conformé. NO. Yo leí, investigué e hice cuanto pude para bajar esos kilos. Es así como, en 2018, llegué a “la solución”: la operación bariátrica. Esta es la última novedad de la “gran medicina” que tenemos. Esa misma que cuanto más avanza más nos enferma. 

Y sí, te operas y adelgazas. Lo que no te dicen es que el 70% de los bariátricos recupera el peso inicial a los 3 años de operada. Porque eso no vende. Porque eso podría hacer pensar que no es la solución. Y es que, ciertamente, no lo es. 

Me fue bien la operación pero no terminaba de resonar con todo aquello y seguí leyendo, estudiando y probando. Fue así como llegué a la dieta ancestral, que no es más que una dieta cetogénica formada exclusivamente por alimentos reales. Una forma de alimentación donde no entra el “pan keto” ni sucedáneos similares. Una dieta que nos hace entender que esa es la forma  biológicamente más respetuosa con nuestra naturaleza. Nos hemos pasado de modernos, nos hemos separado de la Madre naturaleza y lo estamos pagando. 

Enfermera de titulación, sanadora de vocación.

Estudié Enfermería por una mezcla de vocación y casualidad: quería cuidar a gente pero no sabía que eso se llamaba Enfermería, y di más vueltas de las que me hubiera gustado hasta que me enteré. Pero bien pronto en la carrera me di cuenta de que yo no compraba el discurso de la sanidad tal cual está. Para mí hay mucha hipocresía  en ella: gente enferma diciéndoles a otros enfermos cómo sanar… ¿puede haber algo más falso?

Yo estoy absolutamente convencida que la SALUD, así, con mayúsculas, existe, no son los padres ni algo que te toca o que dependa de la edad. Por herencia genética, yo debería estar gorda según la sociedad, pero yo me niego a creerlo. Me niego a creer en esta sociedad de enfermedad en la que vivimos. Creo que tenemos el potencial y el deber de estar completamente sanos. Abogo por la salud y apelo a la responsabilidad de cada individuo de buscarla y retenerla. Sólo desde la salud, el ser humano es capaz de avanzar y lograr grandes cosas en la vida. Y me dediqué a buscar y buscar hasta encontrar esa SALUD que intuía dentro de mí que existía. Así encontré la dieta ancestral. Y la quiero expandir a cada rincón del planeta.

Considero que aún estoy “sanando metabólicamente”, porque tantos años de maltrato a mi cuerpo no se recupera tan pronto. Yo, como muchos, fui criada con leche artificial “porque es mejor”, comí “equilibradamente” una cantidad ingente de cereales, probé la dieta vegana porque es “más natural”, y pesé y medí cada gramo de comida que entró en mi cuerpo “para no pasarme de calorías”.

Ahora ya sé que todo eso es un error. La Naturaleza ya pensó una forma de alimentarnos para nosotros. Aprendí que comiendo de esa manera, respetuosa con nuestro origen y nuestra historia como especie, es mucho más difícil enfermar. Y es lo que quiero trasmitir.

Y con este proyecto quiero incidir en aquellos en los que recae el cuidado de los demás: los sanitarios. Tenemos el deber y la obligación moral de saber la verdad, de conocerla y aplicarla. Juramos cuidar y ayudar a nuestros pacientes. Es de CURARLOS de verdad. Y mi propósito es hacer llegar ese mensaje a todos ellos.

Y si tú quieres formar parte de este ejército de SALUD que estamos formando, suscríbete en este formulario, aprenderás mucho y te puedes dar de baja cuando quieras.

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